Probablemente Colombia es uno de los países con mayor diversidad cultural del continente. En general, se pueden ver tendencias culturales marcadas en la mayoría de estos países. Encontramos una tendencia fuerte de culturas indígenas en países como Bolivia, Ecuador y Perú; culturas influenciadas por la “europeización” en el cono sur; Brasil que aparece como único país de lengua portuguesa y con una cultura que desde afuera aparece como muy propia. En tanto que Colombia no parece estar definida por ninguna de las anteriores y su territorio es toda una masa casi informe de culturas y mezclas entre ellas y concepciones del mundo y de sus alrededores, formadas por años de coloniaje, situación geográfica, guerra interna, y un largo etc.
Esta situación que parece propia del estudio de la geografía política o regional o la sociología, antropología y otro largo etcétera, ha marcado de manera determinante las luchas políticas por reivindicaciones económicas y culturales en el país. ¡Y como ha hecho esta diversidad cultural de difícil la identificación de contradicciones principales! ¿Cómo poner de acuerdo a un campesino de las tierras frías de Boyacá, cultivador de papa, con un indígena del Cauca, o mas complejo aun, de la Sierra Nevada de Santa Martha, en que la falta de soberanía y las políticas del consenso de Washington lastiman su producción y laceran a su Pacha Mama, y que no son designios de “nuestro señor” o la cultura egoísta del mundo hacía la madre naturaleza, las causantes de la situación del país? Por poner solo un ejemplo.
En ese orden de ideas, los postulados de una epistemología decolonizadora se hacen de aplicación compleja en la situación de este país. Y sin embargo, la presión constante que ejerce sobre el mismo y sus recursos, y con ellos sobre toda la diversidad cultural nacional, la maquina del capitalismo internacional en busca de materias primas y focos de especulación no solo apremian el actuar de las fuerzas consientes, sino que los hacen inerciales.
La locomotora minera santista, que despliega toda su fuerza por el territorio nacional (ver imagen), levanta la resistencia colectiva y la solidaridad; a veces a través de los ambientalistas y las ONG pro indigenistas, desde la izquierda y sus representantes, estudiantes o simplemente desde la población directamente afectada. Prueba palpable de ello ha sido la derrota de proyectos como el de Angostura en el paramo de Santurban y la resistencia a la Colosa y el Quimbo. Aupado bajo el amparo de los medios masivos de comunicación Santos, quienes le antecedieron y en general todos los defensores del Status Quo, continúan con la política instruida desde los centros de poder.
La estrategia, a mi juicio, debe ser la de la más amplia unidad en torno a la consigna de la recuperación de la soberanía y la democracia. Unir a todos aquellos que tienen contradicciones con el imperialismo, que hace aguas hoy en el mundo y por eso mismo se hace más peligroso, en torno a esta idea, sin desconocer las realidades propias de la cosmovisión y cultura que le es inherente a cada porción de habitantes nacionales.
