El trabajador sabe que el salario mínimo no le alcanza; el padre sabe que no podrá
brindar educación universitaria a sus hijos; el enfermo sabe que su EPS no le
brindará a tiempo y en las mejores condiciones los tratamientos de los que
pueda necesitar; el obrero sabe que no puede rezongarle a su jefe ante
cualquier injusticia, porque necesita una refrendación de su contrato; el
caficultor sabe que lo que producía antes ya no lo puede producir hoy; el
arrocero sabe que los fertilizantes son muy costosos; hoy más que antes; el
camionero sabe que no tiene vías y que el combustible es demasiado costoso para
sacar a bajos precios una carga; el lechero sabe que han impuesto normas
sanitarias que ellos no pueden cumplir; el minero sabe que la actividad de la
que ha vivido históricamente, por una decisión arbitraria, hoy está considerada
un delito; el fabricante de zapatos sabe que ya no puede competir con las
importaciones chinas. Lo que no saben estos compatriotas, o mejor, no sabían,
era cuál era la causa de sus desgracias. Hoy por fortuna, para ellos y para el
país, han empezado a identificar al culpable.
Después
de más de veinte años en los que encopetados neoliberales han venido montando
una juiciosa celada, por fin los diversos sectores nacionales afectados por las
políticas neoliberales de apertura y privatización empiezan a identificar a sus
verdugos y las ideas e intereses que representan.
Hoy,
25 de agosto de 2013, el país se encuentra sumido en un paro nacional al que
cada día se suman más sectores, demandando, quién lo creyera, ya no solo ayudas
propias y subsidios para su sector, sino un cambio en la política económica del
país. Ya no solo se escucha al caficultor o al papero rogando por subsidios y
condonación de deudas, hoy condicionan el fin del paro al rechazo de la firma
de nuevos tratados de libre comercio y la renegociación de los vigentes,
regulación del mercado de los fertilizantes, entre otros. Se escucha al minero
exigir el mismo trato para ellos que los últimos gobiernos han tenido para con
las multinacionales, esas que vienen saqueando el país en detrimento de los
intereses de la nación. En otras palabras, el país se ha unido para exigir al
gobierno de Juan Manuel Santos, quien ha sido artífice desde 1990 hasta hoy, de
toda la política que tiene a campesinos, industriales, trabajadores y demás
sectores contra las cuerdas, le ponga el cascabel al gato.
Y
la respuesta del gobierno vendepatria no se ha hecho esperar. No solo ha exigido
no tener contemplaciones con quienes se atrevan a protestar bloqueando vías,
sino que el mismo día en que los paperos reclamaban en las carreteras se
evaluara su situación, las bancadas de la Unidad Nacional aprobaban la firma de
la Alianza del Pacifico, es decir más ruina y libre comercio, y en las próximas
semanas se alistan a radicar una Ley que arrebata las tierras baldías de la
nación a trabajadores agrarios sin tierra para entregárselas a monopolios y
transnacionales que hacen especulación con ellas, y de paso limpiar las
ilegalidades cometidas por miembros de este gobierno como el exembajador en
EE.UU, Carlos Urrutia. Es decir, toda una cachetada al país y en especial un
reto y una afrenta a quienes vienen soportando en las carreteras de Colombia la
represión oficial.
Porque
ese es el país de Santos, de Uribe, y toda la pandilla de neoliberales que han
gobernado el país en los últimos 25 años, incluidos todos sus Ministros y
escuderos disfrazados de académicos e independientes, pero con sus intereses
comprometidos en el buen rendimiento del sector financiero, de la especulación,
y de la intermediación. Esos señoritos que se han enriquecido sin producir un
peso real, es decir, sin crear una tuerca o cultivar una papa, sino utilizando
a su favor el ambiente económico de las últimas décadas, tomando recursos que
bien podrían servir para sanar enfermos y convirtiéndolos en utilidades;
paseando por las bolsas del mundo el dinero de las pensiones y cesantías que
los obreros colombianos se ganan con el sudor de su frente; captando dinero a
intereses ridículos, para prestarlos intereses usureros; tomando los minerales
nacionales y pagando regalías ridículas, etc. Como dijo Jorge Robledo, la zanganocracia
neoliberal.
Por
eso satisface tanto a este servidor escuchar por fin a tantos colombianos
enfilar sus dardos en una sola dirección: contra los TLC y lo que eso implica. Toda
mi humilde solidaridad y deseos de firmeza para estos compatriotas que hoy son
Colombia y defienden, sin saberlo, a este país de tanto cínico y sin vergüenza.
¡Por
fin!
