lunes, 20 de junio de 2016

DE BIENES Y SERVICIOS YA NO TAN PÚBLICOS

El presente con el fin de retomar este espacio que permaneció inactivo por largo rato y señalar unas cuantas cosas respecto a lo que viene sucediendo en materia de política pública, particularmente en época de enajenaciones y neoliberalismo “al piso”, como decimos algunos, especialmente jóvenes,  cuando intentamos poner en evidencia altos niveles de intensidad de algo.

Es importante escribir sobre estos temas dado el contexto económico del país, como ya se dijo, pero también por el relajamiento ciudadano. Son debates nacionales o locales y parece que es discusión de otro país, de otro tipo de sociedad, de un universo paralelo. No señores, es una discusión de aquí, suya y mía, por la sociedad futura que deberá hacer frente a las consecuencias de las decisiones que toman hoy y en nombre de todos, los intermediarios que llevan parasitando al país más de veinticinco años. También lo es por un hecho concreto, ahora que el alcalde Peñalosa consiguió aprobar en su Plan de Desarrollo la enajenación de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá, alineando para tal fin hasta a individuos elegidos con programas en defensa de lo público, pero llevados a la traición de sus electores por el “omnipresente clientelismo” que justifican los neoliberales como “el costo pagado por la ausencia de populismo”. Desinteresados que son.

Lo primero es insistir en la idea de que la privatización de los bienes públicos significa un raponazo a la sociedad en su conjunto, un robo, otra forma de robo, más disimulada tal vez, legalizada y hasta legitimada en las urnas, pero robo al fin y al cabo. Una construcción social de muchos años y varias generaciones pasa, de un momento a otro, de pertenecer al conjunto de la sociedad a convertirse en mecanismo de corto y mediano plazo de incremento de capital de un reducido número de individuos. Extranjeros las más de las veces, lo que es una doble desgracia, porque al menos el nacional reinvierte la parte más significativa de las ganancias en su país. El extranjero generalmente monta lo que han denominado algunos como un “dólar-ducto” y se lleva lo que invirtió y más, hasta que encuentra otro que quiera participar del desangre.

Sumado a la apatía general del ciudadano colombiano y bogotano y al clientelismo, está el libreto con el cual han conseguido el cometido. Primero desprestigian el patrimonio social: “ya no es la joya de la corona”, “es un lastre”, “está rumbo a la quiebra”, “no es estratégico”, etc. El de siempre, que aunque nos cueste creer ha hecho moñona repetidamente. Y digo que es difícil de creer porque vaya usted he intente vender cualquier mercancía, la que quiera, utilizando ese mismo libreto y probablemente tal empresa será un fracaso, pues es hasta ridículo vender algo haciéndole mala fama. Pero sorpréndase, los parásitos que nos gobiernan lo llevan consiguiendo durante bastante tiempo y póngase triste también, porque esta sociedad se les ha comido el cuento. Y lo logran ayudados también por la segunda parte del libreto. Ponen a trabajar a los formadores de opinión de este país, unos cuantos individuos sustraídos del mismo círculo, para reducir resistencias, para confundir y embolatar, para dividir a la sociedad, para vender falsas ilusiones respecto al avance que implica hacer riquezas privadas robando patrimonios colectivos.

Pero la privatización se presenta de diferentes maneras. Mauricio García Villegas lo señala en sus últimas dos columnas en El Espectador (http://www.elespectador.com/opinion/pagar-desobedecer , http://www.elespectador.com/opinion/cuanto-cuesta-antipatia ). Encontraron otra manera de convertir los bienes y servicios públicos pagados con los impuestos de todos, para el uso privativo y exclusivo del reducido círculo que se encuentra en el top de la pirámide social. Hacen la de siempre: toman decisiones que generan consecuencias negativas para el conjunto, pero detrás viene la medida que los sustrae a ellos de estas últimas. Lo han hecho con la educación, con la salud, con la seguridad, etc.

Parémosle bolas a esto señores. La concentración de la riqueza está disparada en buena medida por esa orientación de la economía y la democracia, que además está medio embolatada porque paralelo al empobrecimiento general, va la mano dura con la que buscan contener el disgusto también general. O sino asómense al nuevo Código de policía. Quieren protestas que no lo sean, critica de bloggero como esta y no hechos de resistencia. Las contradicciones se agudizan y siempre que pasa esto, la reacción natural es la del animal acorralado, hay más virulencia, coletazos más fuertes. Ahí surgen los cambios y las alternativas, pero no de manera espontánea, sino de la organización y movilización.

Finalmente piense en las consecuencias de lo señalado hasta ahora y qué diferencia hay entre las de actos de un robo descarado como el de los Nule y Moreno, que ha sido de siempre y se sigue presentando en todo el país así no se publicite, y este tipo de medidas que se venden como técnicas y  respaldadas en modelos económicos. Verá usted que desde ese enfoque, más bien son pocas.

Sobre el caso específico de privatización de la ETB, los invito a que le hagan seguimiento al muy excelente trabajo que vienen adelantando concejales como Manuel Sarmiento. Tiene documentos y videos donde cargado de cifras desvirtua este nuevo intento por robarnos a todos los bogotanos la emblemática empresa.

Saludos…..