domingo, 15 de abril de 2012

Colombia: Made in USA. Comentario al libro Confianza Inversionista: economía colombiana primera década del siglo XXI


En la última década Colombia orientó sus esfuerzos en política internacional y económica hacia la generación de “confianza inversionista”, permitiendo poner al país en ojos del capital mundial que siempre está en búsqueda de lugares donde puedan obtener altas tasas de ganancia con el menor riesgo. Sobre esa realidad que hoy nadie discute, excepto para defenderla o ser su detractor, escribe  Aurelio Suarez Montoya.

Esas políticas, que no empiezan en este siglo sino que nacen hace más de 30 años con el inicio de la globalización como paradigma económico mundial, se ahondaron en los dos gobiernos de Uribe y el primero de Santos; una vez sucedida la crisis económica en la que entró el país en 1999. Fue ésta, por decirlo de alguna manera, el prolegómeno de los hechos en los que se concretó los lineamientos de la confianza inversionista, dictaminada a través del Plan Colombia, y los acuerdos stand by del país con el FMI.

Un aspecto fundamental que poco se menciona sobre lo anterior, es que la inversión por la que tanto esfuerzo hacen los gobiernos neoliberales no busca que ésta se desarrolle en cualquier campo económico puesto que ya hay, y es parte de lo que representa insertar a un país del tercer mundo como Colombia en la globalización, una especie de división internacional del trabajo. Son los campos de extracción, de economía primaria, de explotación de recursos en condiciones de ventaja comparativa; es decir, minerales como petróleo, carbón y más recientemente el oro, hacia donde se dirige la mirada del inversionista al que con tanto esmero y bastantes privilegios se les abre la puerta en nuestro país.

Por tres razones principales viene el capital a Colombia y no a otro país: primero porque el capital que invierten tiene tantas prerrogativas y beneficios tributarios, que la renta que obtienen es superior a la que pueden obtener en otras partes del mundo; es decir, “el capital va a donde puede salir”. Segundo porque las condiciones laborales con las que contratan a los colombianos son de una informalidad que desconoce los avances en materia laboral de países del siglo XXI; y tercero porque lo que le queda al Estado colombiano por concepto de regalías, que es el valor que le corresponde a los colombianos del precio final del producto vendido, son irrisorias frente a las necesidades nacionales (oro 3,2%; carbón 8%; petróleo 10%).

Y agregaría una cuarta que contiene perfectamente las anteriores: La estructura general del Estado colombiano, que ha modificado gradualmente aspectos centrales de orden fiscal, jurídico, monetario, etc, que dinamizan las políticas adoptadas por cada gobierno y a los que Aurelio Suarez hace seguimiento y explicación minuciosa.

En conclusión, una economía que nos mantiene en condiciones de “neocolonia”, de sumisión, de imposibilidad de desarrollar conocimientos en otros sectores económicos con capacidad de generar de verdad valor agregado. Un país diseñado a la medida de las necesidades del capitalismo mundial inmerso en la actualidad en la más profunda crisis que haya habido desde el crack del 29.

jueves, 5 de abril de 2012

SOBRE EL PENSAMIENTO CRÍTICO


Cualquier desprecio por el pensamiento crítico, por la disidencia, por la otra cara de la moneda, solo termina evidenciando el cumplimiento histórico de cualquier modelo o forma organizativa social (aunque aplica para todo campo del conocimiento).
Al tiempo que se cierra el paso a lo nuevo, también se estrechan las posibilidades de supervivencia de lo caduco y se agudizan las contradicciones. Lo que era un imposible en las viejas primaveras de lo que sigue vigente ya no parece serlo tanto y empiezan a despuntar las primaveras de lo avanzado, etc.
En eso estamos hoy, el modelo capitalista y con él el mismo mundo empiezan a envejecer, el sistema y modelo económico es menos capaz de lo que hasta ahora ha sido para permitir el avance de la sociedad y del mundo; cumplió su ciclo. Sin embargo se resiste a morir por las profundas raíces que tiene y por los intereses que representa, y con esto agudiza una contradicción que aunó con su desarrollo: el deterioro del único medio que conocemos hasta ahora para permitir la preservación de la especie humana. Debería decir de la vida y de las especies todas, pero legado de todos los modelos que ha atravesado la sociedad humana, incluido el socialismo,  está el antropocentrismo.
Por lo anterior y a pesar de que lo evidenciado por el profesor Atilio Borón sobre la lucha de las ideas y el avance de la imposición del pensamiento único impuesto por las elites globales, se debe abordar como un síntoma más del fin de lo que hasta ahora el mundo ha conocido como lo más avanzado y el llamado es a ser la antítesis que permitirá que la dialéctica siga explicando el mundo.