Cualquier desprecio por el pensamiento crítico, por la disidencia,
por la otra cara de la moneda, solo termina evidenciando el cumplimiento histórico
de cualquier modelo o forma organizativa social (aunque aplica para todo campo
del conocimiento).
Al tiempo que se cierra el paso a lo nuevo, también se
estrechan las posibilidades de supervivencia de lo caduco y se agudizan las
contradicciones. Lo que era un imposible en las viejas primaveras de lo que
sigue vigente ya no parece serlo tanto y empiezan a despuntar las primaveras de
lo avanzado, etc.
En eso estamos hoy, el modelo capitalista y con él el mismo
mundo empiezan a envejecer, el sistema y modelo económico es menos capaz de lo
que hasta ahora ha sido para permitir el avance de la sociedad y del mundo;
cumplió su ciclo. Sin embargo se resiste a morir por las profundas raíces que
tiene y por los intereses que representa, y con esto agudiza una contradicción
que aunó con su desarrollo: el deterioro del único medio que conocemos hasta
ahora para permitir la preservación de la especie humana. Debería decir de la
vida y de las especies todas, pero legado de todos los modelos que ha atravesado
la sociedad humana, incluido el socialismo, está el antropocentrismo.
Por lo anterior y a pesar de que lo evidenciado por el
profesor Atilio Borón sobre la lucha de las ideas y el avance de la imposición
del pensamiento único impuesto por las elites globales, se debe abordar como un
síntoma más del fin de lo que hasta ahora el mundo ha conocido como lo más
avanzado y el llamado es a ser la antítesis que permitirá que la dialéctica siga
explicando el mundo.

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