lunes, 20 de agosto de 2012

BIOTECNOLOGÍA EN ÉPOCAS DE LA GLOBALIZACIÓN




       El capitalismo es un sistema que ha tenido como sustento la capacidad invectiva que trae de manera inexorable el egoísmo individual; principio que lo caracteriza. Esa capacidad ha llevado a desarrollar la productividad de la sociedad humana a una escala de importantes proporciones, asociado a una tasa de crecimiento que ningún modelo anterior conoció.

Ahora, esa inmensa generación de bienes y servicios que han contribuido a mejorar la calidad de vida de millones de seres humanos en los dos últimos siglos, ha estado acompañada de una explotación de recursos naturales, renovables y no renovables, solo comparada con la misma tasa de crecimiento del capital. Cada creación tecnológica implica demanda de materia prima; de esa manera el sistema pasa de una etapa a una nueva y se van encontrando diversas maneras de uso de viejas y nuevas materias primas: es el caso de la biotecnología.

La globalización ha sido medio para la creación de redes que parten del conocimiento científico, usado en la adaptación de materia prima a bajo costo o con altos rendimientos, y terminando en la comercialización de dicho conocimiento endosado a través de la mercancía, con un fuerte valor agregado. Tal impulso en la nueva era del capitalismo se ha dado a través, en buena medida, de la empresa privada, que al encontrar lugares de colocación de inversión con fuertes retornos, se han convertido en ponedores de primera línea de capital en investigación e innovación, consolidando su dominio en el mercado de este tipo de tecnología. Los insumos agrícolas con Monsanto y los productos farmacéuticos con algunos laboratorios como Pfizer, Bayer, etc; hacen parte de ese grupo.

En esta realidad nacida del egoísmo capitalista, donde existe un intrincado desarrollo de redes creadoras de conocimiento articuladas al mercado global, la competencia ha venido dejando rezagados a varios competidores. Nos dice Lucila Rönner:

La concentración de la industria biotecnológica se intensificó al pasar de casi mil empresas biotecnológicas existentes hace 15 años a sólo diez empresas que tienen tres cuartas partes de los ingresos de esta industria.

Es el escenario de la competencia que deriva en oligopolios que dominan el mercado y con la facultad de especular sobre mercancías de importancia vital. Tan es así, que la inversión en investigación se focaliza en áreas del conocimiento con menor riesgo de perdida.

El día que la lucha contra las adicciones sea un negocio, ese día se volcarán los capitales en investigación de curas.

En el escenario anterior juega un papel clave la utilización de la propiedad intelectual, la cual viene teniendo una discusión que pasa por la ética, la filosofía, el derecho, etc, donde países como Colombia, caracterizados por la fuerte biodiversidad contenida en la geografía nacional, y en el marco de la firma de Tratados de Libre Comercio, que han incluido capítulos donde se toca exclusivamente el tema, tienen una responsabilidad aun mayor en el manejo que se de a esta nueva forma de canalización de las inversiones.

En el tema de propiedad intelectual las patentes también han cobrado relevancia en la medida que la dependencia de modelos tecnológicos introducidos en la producción de alimentos ha trocado los conocimientos culturales en la siembra y cosecha de alimentos de generaciones anteriores, por lo que se conoció como la revolución verde y posteriormente por la biotecnología.

El conocimiento científico adquirido en la manipulación de la genética de especies alimenticias por parte de capital privado internacional, empieza a cobrar sus réditos a través del patentamiento de dichos avances. Lo que inicialmente fue una herramienta para reconocer el trabajo individual benéfico a la sociedad, ha terminado por cubrir aspectos que pasan de ser un reconocimiento, a la exclusión de la mayoría a dichos beneficios y mas grave aun, la protección sobre especies y material orgánico de toda clase sin que este haya sido incurso en procesos de creación de nuevas tecnologías. Cabe además preguntarse qué tan valido es el patentamiento de especies animales y vegetales; de vida.

Los actores de esta realidad han dejado de ser los inventorres que ponen su conocimiento al servicio de la sociedad, al inversor que expone su capital a riesgos, en un cambio filosófico de la propiedad intelectual y sus fines. El eje de ésta gira en torno a la defensa de la inversión, y no en el beneficio social; inversores que por lo demás están concentrados en pequeños oligopolios mundiales, ubicados en países desarrollados.

La evolución dialéctica del sistema capitalista ha derivado en su prolongación defendiendo el capital y monopolizando el conocimiento, garantizando ganancias y excluyendo a una enorme masa de los beneficios derivados de la sociedad ciencia y tecnología.