El capitalismo es un sistema que
ha tenido como sustento la capacidad invectiva que trae de manera inexorable el
egoísmo individual; principio que lo caracteriza. Esa capacidad ha llevado a
desarrollar la productividad de la sociedad humana a una escala de importantes
proporciones, asociado a una tasa de crecimiento que ningún modelo anterior
conoció.
Ahora, esa inmensa generación de
bienes y servicios que han contribuido a mejorar la calidad de vida de millones
de seres humanos en los dos últimos siglos, ha estado acompañada de una
explotación de recursos naturales, renovables y no renovables, solo comparada
con la misma tasa de crecimiento del capital. Cada creación tecnológica implica
demanda de materia prima; de esa manera el sistema pasa de una etapa a una
nueva y se van encontrando diversas maneras de uso de viejas y nuevas materias
primas: es el caso de la biotecnología.
La globalización ha sido medio para la creación de redes
que parten del conocimiento científico, usado en la adaptación de materia prima
a bajo costo o con altos rendimientos, y terminando en la comercialización de
dicho conocimiento endosado a través de la mercancía, con un fuerte valor
agregado. Tal impulso en la nueva era del capitalismo se ha dado a través, en
buena medida, de la empresa privada, que al encontrar lugares de colocación de
inversión con fuertes retornos, se han convertido en ponedores de primera línea
de capital en investigación e innovación, consolidando su dominio en el mercado
de este tipo de tecnología. Los insumos agrícolas con Monsanto y los productos farmacéuticos
con algunos laboratorios como Pfizer, Bayer, etc; hacen parte de ese grupo.
En esta realidad nacida del
egoísmo capitalista, donde existe un intrincado desarrollo de redes creadoras
de conocimiento articuladas al mercado global, la competencia ha venido dejando
rezagados a varios competidores. Nos dice Lucila Rönner:
La concentración de la industria
biotecnológica se intensificó al pasar de casi mil empresas biotecnológicas
existentes hace 15 años a sólo diez empresas que tienen tres cuartas partes de
los ingresos de esta industria.
Es el
escenario de la competencia que deriva en oligopolios que dominan el mercado y
con la facultad de especular sobre mercancías de importancia vital. Tan es así,
que la inversión en investigación se focaliza en áreas del conocimiento con
menor riesgo de perdida.
El día que la
lucha contra las adicciones sea un negocio, ese día se volcarán los capitales
en investigación de curas.
En el
escenario anterior juega un papel clave la utilización de la propiedad
intelectual, la cual viene teniendo una discusión que pasa por la ética, la
filosofía, el derecho, etc, donde países como Colombia, caracterizados por la
fuerte biodiversidad contenida en la geografía nacional, y en el marco de la
firma de Tratados de Libre Comercio, que han incluido capítulos donde se toca
exclusivamente el tema, tienen una responsabilidad aun mayor en el manejo que
se de a esta nueva forma de canalización de las inversiones.
En el tema de
propiedad intelectual las patentes también han cobrado relevancia en la medida
que la dependencia de modelos tecnológicos introducidos en la producción de
alimentos ha trocado los conocimientos culturales en la siembra y cosecha de
alimentos de generaciones anteriores, por lo que se conoció como la revolución
verde y posteriormente por la biotecnología.
El conocimiento
científico adquirido en la manipulación de la genética de especies alimenticias
por parte de capital privado internacional, empieza a cobrar sus réditos a
través del patentamiento de dichos avances. Lo que inicialmente fue una
herramienta para reconocer el trabajo individual benéfico a la sociedad, ha
terminado por cubrir aspectos que pasan de ser un reconocimiento, a la
exclusión de la mayoría a dichos beneficios y mas grave aun, la protección
sobre especies y material orgánico de toda clase sin que este haya sido incurso
en procesos de creación de nuevas tecnologías. Cabe además preguntarse qué tan
valido es el patentamiento de especies animales y vegetales; de vida.
Los actores
de esta realidad han dejado de ser los inventorres que ponen su conocimiento al
servicio de la sociedad, al inversor que expone su capital a riesgos, en un
cambio filosófico de la propiedad intelectual y sus fines. El eje de ésta gira
en torno a la defensa de la inversión, y no en el beneficio social; inversores
que por lo demás están concentrados en pequeños oligopolios mundiales, ubicados
en países desarrollados.
La evolución dialéctica
del sistema capitalista ha derivado en su prolongación defendiendo el capital y
monopolizando el conocimiento, garantizando ganancias y excluyendo a una enorme
masa de los beneficios derivados de la sociedad ciencia y tecnología.

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